Siempre sospeché (y, por supuesto, no pretendo tener la primicia en este asunto) que la tristeza encierra, o puede encerrar, una belleza considerable. Aquí una prueba, tan palpable, tan triste y tan hermosa.
Me deshago en risas y llantos y palabras. Me estoy deshaciendo entre tus dedos ¿ves? Me deshago en el aire. En silencios de ciudades. Me deshago en el vapor del agua, en nubes, en lluvia que lava. ¿Lo ves? Me estoy deshaciendo en primaveras en caricias y duelos. Me desmigajo, ¿ves? ¿Me ves, me ves? … Abro la boca y clavo los dientes en el mundo… ¿No me ves?
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