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Poesía y música

Bueno, la querella es conocida y viene de lejos: se ha hablado tanto pero tanto de la relación (a esta altura, un matrimonio) entre música y palabra que no voy a ser yo la que venga a querer echar luz sobre el asunto (digamos que está tan iluminado que ya no se ve nada).
Pero sí quisiera (no puedo evitar hacer la salvedad) aclarar que no es lo mismo un poema que existe por sí solo, que carece de los ropajes de la melodía, que aquel que porta en sí la otra-música, la música-música, esa que desdibuja los bordes del poema y que a veces llega al límite de hacernos prescindir por completo de sus formas y ni qué decir del significado, ese sobrevaluado añadido lingüístico que se monta arbitrariamente sobre el significante, menoscabando su belleza y haciendo caer en el olvido el esplendor de su materia.
Cada vez que escucho a un cantante hablar sobre "su mensaje" me agarra una especie de risa malsana, de vergüenza ajena, de pena, de rabia, no sé.
Tantas veces me pasa que la palabra no es más que la excusa para cantar. Como diría Leda Valladares, hay quienes cantan para decir (me provocan pena, porque rara vez soy capaz de escuchar lo-que-dicen) y estamos los que decimos para cantar. Aquellos que usamos el lenguaje como excusa de la canción, relleno de la melodía. O casi, bueno, está bien (siempre me gustó jugar a la radical).
En definitiva, digo, por si hay alguien que lee: conozco pocas, poquísimas, casi ninguna canción que, despojada de su música, deje en pie un poema que se deje leer y salga victorioso. Sí, por supuesto, sucede en los casos en los que se le pone música a un poema preexistente.
Pero ése es otro cantar... u otro escribir.


Comentarios

  1. Amiga: te encuentro por acá. Bienvenido es el espacio donde escribir,y deseando que nuestras palabras lleguen a alguien. Abrazo!

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